Ooh La La (The Faces)

Sin títuloPodría empezar el año de mil formas pero pensé que ésta era la más apropiada. Comenzar el año nuevo con el último disco de estudio que publicó uno de mis grupos de cabecera: The Faces.

El disco Ooh La La sale a luz en abril de 1.973, marcando el final de la carrera de este grupo. Un final anunciado, dicen, por la alargada sombra de Rod Stewart que ya por aquel entonces se suponía enorme.

Junto a Ronnie Wood e Ian McLagan (uno de mis teclistas favoritos) artífices de la segunda generación de los Faces, deja un legado con temas como Silicone Grown, la estridente Borstal Boys, la maravilla instrumental Fly in the ointment con Ronnie Lane y la batería de Kenney Jones o el propio Ooh La La que da nombre al disco y lo cierra: compuesta por Lane y “Woody” y cantada por éste último como broche final.

El final de un grupazo para empezar un año nuevo. Antagonismos musicales tan preciosos como imperfectos.

Pearl (Janis Joplin)

Sin títuloCuando el 4 de octubre de 1.970 la encontraban sin vida, ni la mismísima Janis Joplin imaginaba que este disco vería la luz. Editado seis semanas después del fallecimiento de la dama hippie, Pearl se convierte desde entonces en el último disco de la norteamericana.

La genuina voz de Janis Joplin nunca se apagó. Nació para ser una leyenda. Cuatro años bastaron para crear el mito.

Pearl no contiene su famosísimo tema Piece of my heart pero pasaría a la posteridad por permitirnos conocer Cry Baby, Buried Alive in the Blues, My Baby, Merecedes Benz o el tema que acompaña a esta entrada (y en la que Joplin aporta la guitarra –y de paso: mi favorita-) Me and Bobby McGee, espectacular adaptación del tema de Kris Kristofferson.

Leí sobre Janis Joplin que nunca cantó una canción dos veces de la misma forma. Es lo que tiene una grabación, que el tema queda impertérrito. Así queda, entonces, Pearl: esperándonos para por siempre.

Lust for Life (Iggy Pop)

Sin títuloLlevaba muchísimo tiempo esperando para hacer un post sobre este disco. Lo cierto es que había empezado mil veces el artículo pero nunca llegaba a completarlo. De hecho, como si fuera un recurso literario, desconozco si terminaré publicándolo. Si lo hago será una entrada distinta a las demás. Si lo hago, al leerlo, sabréis la razón.

Lo que me ocurre con este álbum es curioso. Ahora mismo ni está en casa. Lo he tenido hasta en tres ocasiones. Lo perdí en un coche, en casa de un amigo y por último ¡en un avión! Nunca me ha ocurrido con otro disco. Solo con Lust for Life. Solo con este.

Este LP, editado en 1.977, se publica en el mejor momento artístico de la Iguana y el peor de James Newell, es decir, un momento de explosión y catarsis del extraño entre extraños: Iggy Pop.

Recuerdo que, con la vanagloriada película Trainspotting (1.996) el disco vuelve a tomar relevancia por sus famosos temas Lust for Life o The Passenger. Por aquel entonces faltaban cuatro años para perder el disco por primera vez.

Fue cuando lo compré por segunda vez cuando descubrí que el productor del disco era David Bowie. Eso le dio un matiz diferente a todo el disco desde entonces. Su productor, su asesor, su músico de base, su camello, su confesor, su confidente y su co-autor predilecto. ¡Delantera mítica! Obviamente.

Mientras asimilaba y centraba la atención en temas como Sixteen o Turn Blue, lo presté y jamás regresó. Segunda pérdida. La menos dolorosa pero pérdida al fin y al cabo.

Lo volví a comprar. Juré que era la última que lo hacía. Si el destino no quería que bailara al son de Tonight sería por algo. Discos La Metralleta. Madrid.

Era una etapa donde Success sonaba y sonaba en mi cabeza. Lo llevé en una bolsa de mano. Vuelo Gerona-Liverpool. Acompañado por “La Peste” de Albert Camus, el disco volvió a ser huérfano. Última vez.

Llego al final del texto. Normalmente los reviso un par de veces. Esta vez no. Esta vez se publica como está. Si lo reviso existen muchas probabilidades de que no vea la luz y ya lo he perdido demasiadas veces. Espero que esta no sea una más.

Cold Fact (Sixto Rodríguez)

Sin títuloReconozco que desde que me contaron la historia de Sixto Rodríguez me quedé enganchado. Luego recopilé información, internet, el documental (100 % recomendable) Searching for sugar man y por último su música. Me acababan de meter un gol por la escuadra.

Cold Fact, editado en 1.970, es el primer disco de Rodríguez. Su contenido, con temas arraigados a su condición social y política, dibuja el relieve de una ciudad apagada.

El álbum, que fracasó estrepitosamente en Estados Unidos, convirtió a Rodríguez en un héroe del rock en Sudáfrica. Las letras más comprometidas fueron utilizadas como himnos en un ambiente de represión cultural y el apartheid.

Dicen que se vendieron 6 copias de este álbum. Una de ellas viajó a Sudáfrica y allí cambió la vida de un hombre que trabajaba en la construcción de Detroit. Lo encontraron, lo hicieron sentir una estrella y decidió regresar a su vida de siempre.

Cold Fact es la demostración de que en esta vida, sin saber cómo, cuándo ni dónde, alguien puede dedicar algo más de dos minutos a tu esfuerzo.

Live in Maryland (New Barbarians)

Sin títuloNew Barbarians entran en la escena del rock y salen de la misma forma. Arrasan y se van. Su extensa vida dura 20 conciertos y desaparece dejando tras de sí un halo de rock&roll de una calidad envidiable.

El ya Stone y por entonces ex Face, Ron Wood, decide montar este grupo con la ayuda de Keith Richards. Cuentan, entre otros, con el saxo de Bobby Keys y la batería de Ringo Starr, entre otros. En 1.979 graban el concierto Live in Maryland (Buried alive) que no verá la luz hasta 2.006

El grupo sirve para varias cosas: durante los parones de los Stones la banda se llena de lujos y música a base de conciertos. Sirve para escuchar como canta Keith Richards. También escuchar versiones muy pulidas de Dylan o Chuck Berry. Pero, bajo mi punto de vista, si sirve para algo por encima de todo es para recordar al mundo (musical) entero que Ronnie Wood tiene un talento increíble para componer.

Ya dicen que “lo bueno, si breve…”

The Concert for Bangladesh (George Harrison & friends)

Sin títuloVivimos en una época de festivales pastel. Festivales con fines lucrativos dispuestos al servicio de ciudadano con carteles que dan pena. Festivales propuestos desde las esferas de los medios de comunicación donde el fin es subir a la palestra a tipos que ya no los desean escuchar ni en el bar de su barrio. Y así comienza la semana de discos en directo de Bonus Track.

En 1.971, los habitantes de Bangladesh recibieron el apoyo, en forma de concierto, de grandes artistas de reconocido prestigio. El concierto, celebrado en el Madison Square Garden de Nueva York, tuvo como motor principal a George Harrison y Ravi Shankar.

El único Beatle que acudió a la cita fue Ringo Starr. Contó también con la presencia de un Eric Clapton que firmó la peor actuación hasta entonces, encontrándose fuera de ritmo y presencia. También sirvió, el concierto, para que el mundo viera de nuevo a Bob Dylan. De manera fugaz pero estelar. Tan estelar como la presencia en el escenario de Billy Preston.

La mística quintaesencia en la que nos sumerge Harrison alcanza sus cotas más altas en temas como My Sweet Lord, Something o Bangladesh.

(Tenía que abrir la semana de conciertos con algo y ¡sí! soy muy de Harrison)

Hunky Dory (David Bowie)

Sin títuloHablar de David Bowie es tan complejo como su espacio interior. Este camaleón británico, aferrado la proyección de sí mismo como quien se apega a la sombra de un artista, edita en 1.971 su cuarto LP: Hunky Dory.

La realidad en la que nos sumerge con este disco es un cambio de dirección, no demasiado radical pero lo suficiente para que se note. Bowie viene de presentar The Man Who Sold the World con el que tomaría relevancia en el ámbito musical y el mundo (y sus críticos) comenzarían a tomarlo en serio.

Con Hunky Dory, compuesto a la edad de 24 años, demuestra que puede alcanzar la supremacía de cualquier estilo musical que se proponga.

David Bowie, la sombra artística de Ziggy Stardust. Un extraño entre los extraños.

Exile on Main St. (Rolling Stones)

3Publicado en el año 1.972, el disco Exile on Main St. se convierte en un icono de la amplísima discografía de los británicos. La crítica no acogió el álbum con los brazos abiertos por considerarlo desarmado y con claras evidencias de una mala producción. Quizá –y esto ya es conjeturar con libertad- se debe a que su creación coincide en el tiempo con el exilio de los Stones al sur de Francia, a los excesos y el comienzo del noviazgo duradero de Keith Richards con sus medicinas.

Aún no había aterrizado en el grupo Ron Wood, al que aún le quedarían dos años más antes de llegar a la banda. La guitarra queda al servicio, pues, de Mick Taylor (del que dicen que escribió el tema Ventilator Blues, presente en el disco).

En los vientos acompaña uno  (para un servidor)  de los mejores saxofonistas de la historia de la música: Bobby Keys.

Sea como fuere y aunque las críticas no fueran benevolentes con aquellos chichos raros, lo cierto es que Exile on Main St. es uno de los mejores LP que se han publicado en los anales del rock&roll.

El tema del link pertenece al tema “Rocks off” con el que abre el álbum. Extraño, con un sonido muy trabado pero con la dureza y personalidad de los Rolling Stones.