Kaleo (Kaleo)

Soy un fanático del rock más clásico. Eso no quita que me guste experimentar y buscar o, más satisfactorio aún, encontrar grupos nuevos que me sorprendan. Es cierto que en el rock parece estar todo inventado pero este hecho no implica, en caso alguno, que no se puedan hacer las cosas bien. Es el caso del rock más frío que conozco: Kaleo.

Kaleo es una banda islandesa formada en 2.012 y cuya fama no traspasa, aún, sus fronteras. Tanto es así que para conseguir su disco debes acudir a plataformas de descarga no habituales o comprarlo, por ejemplo, en Amazon. (Hace relativamente poco desaparecieron incluso de Spotify dejando tan solo un tema)

Ya hablé de ellos en la sección “Viernes de rock&roll” presentando su tema más conocido y rockero “Rock ´n´Roller”.

Temas como “Automobile” “Glass House” “Fool” o “Pour sugar on me” ponen de manifiesto que esta banda tan joven como prometedora tiene muchísimas cosas buenas que decir.

Sin duda, músicos en su interior (hay un director de orquesta entre ellos), saben también girar e incluir un tema si no más lento, quizá un poco más intimista y sonar precioso: “I walk on water

Espero que sirva esta reseña para que os acerquéis sin miedo a un grupo nuevo que, sin saber dónde está su techo sin haber arrancado el vuelo, seguro no os deja indiferentes.

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Modo Avión (Lichis)

El comandante Lichis y su tripulación (Pete Thomas, Jerry Marotta, Marc Ribot…) les dan la bienvenida. Durante el despegue, en el que el avión regateará por enésema vez al destino, iremos directos al sol y no podía ser de otra forma. Suena a rock&roll, claro. Suena a rock&roll porque es rock&roll.

Una vez el comandante lo considere, podrán desabrochar los cinturones y Salir a asustar. Pueden adentrarse en este tema y recordar discos, por ejemplo, de Tom Petty. El sonido, el ambiente y el humo presentan a un Lichis invernal, como aquellos cantantes de folk que, sin saber cómo pero si por qué, traspasan la línea.

Comiencen a disfrutar del viaje. Ya les han dado la pautas de evacuación en caso de catástrofe. Son demasiadas Horas de vuelo y siempre hay algo que hacer. Podemos comprar un disco tan solo por la portada (y si la pone a su servicio el enormérrimo Max Capdevila, es obligatorio) .

Pónganse las gafas de sol y pidan, ahora, una cerveza a la azafata. Ábranla, beban tres tragos y digan lo alto que deseen “life is beatiful“. Repítanlo tantas veces como deseen. Siéntanse como si vivieran en un wéstern protagonizado por Dylan y John Goodman. Y Tan felices.

La tripulación anuncia que están surcando el océano. Noten como las pulsaciones bajan, el tempo se agarra y sufran falta de pragmática. Quizá han bebido demasiado. Pero  no tanto como ese caballero de los Tics raros. Botas, pelo largo, barbudo, desaliñado ¡no es Billy Gibbons! pero tampoco tiene a Dios de su lado.

El comandante solicita que se abrochen nuevamente los cinturones. Van a pasar una zona de turbulencias. Tal vez Buenos Aires tatúa en el interior de quien la escucha “fugitivo de la cara oculta de la suerte”.

Si miran por la ventana pueden observar ya la madrugada. Bajas temperaturas y condensación en los cristales. Un nuevo resurgir. Un día que muere y nace nuevamente, luces y sombras enfrentadas pero que no pueden existir uno sin otro. Enemigos merecidos.

No pregunten más cuándo y dónde aterrizará este avión. La tripulación no sabe nada y el comandante hace un rato que se ha echado a dormir. Disfruten del viaje mientras dura: quizá no importe tanto a dónde van ni de dónde vienen. Quizá solo importe sobrevivir mientras la vida les permita encender el Modo Avión.

 

The Shepherd’s dog (Iron&Wine)

fotoefectos.com__final_658931077298_Llevaba tiempo pensando en escribir sobre Samuel Beam (Iron&Wine). Llevaba tiempo decidiendo sobre qué LP realizar el post y no caer en los tópicos de este cantante y compositor de folk.

Descubrí Iron&Wine, como he descubierto gran cantidad de música, a través de una serie de televisión. En concreto, el capítulo final de la cuarta temporada de House. La voz, la guitarra sucia, la letra y el ambiente que todo ello daba al momento me invitaron a ir rápido a buscar algo suyo. Tres meses después me había hecho con toda su discografía (lamentablemente cara porque en España no se vendían sus discos hasta que uno de sus temas se escuchó en la película Crepúsculo).

The Shepherd´s dog es el tercer disco de este nativo de Carolina del Sur y se publicó en 2.007.

Me enganché a White tooth man como si no hubiera un mañana. Había algo oculto y, casi, tenebroso en ese tema. Carousel o Innocent Bones daban un giro en mitad del disco y dejaban paso al famoso tema Boy with a coin.

Resurrection Fern es, sin lugar a dudas, la canción más simple pero completa del disco (y diría de su carrera). Sin cambios de ritmo y una letra que tampoco acompaña a llevarnos al más allá se levanta este gigante de casi 5 minutos de duración.

Sé que no es un artista demasiado conocido por el público de este país y es por ello que la canción que dejaré será la más famosa, para que digáis “¡anda, me suena!” y si bien es un tema espectacular, para los más puristas es motivo suficiente odiarla solo porque sale en una película juvenil (¿qué quiere que le diga, Sr. Crítico? Mi disco favorito de Tom Petty es She´s the one (post sobre el disco en este blog) y no es precisamente la BSO de una película de culto…)

Espero que, si os gusta, os adentréis en la discografía de este señor barbudo con cara de simpático porque merece -y mucho- la pena.

Balmoral (Loquillo)

Sin títuloTengo 28 años. No llevo tupé. No tengo cazadoras negras ni me pongo gafas de sol por la noche. En algún concierto he gritado “loco” y en otros “Loquillo”, independientemente de la edad que tenga la persona que me acompañe.

Loquillo ha superado –y con nota- barreras de generaciones y estilos. Ha creado himnos inconfundibles que todos cantan y corean. En 2.008 comienza su aventura en solitario (aunque siempre bien acompañado, claro, como el incondible Igor Paskual) con Balmoral.

Apoyado en grandes reconocidos como Carlos Segarra, Jaime Urrutia o Sabino Méndez, Loquillo comienza a componer el que será su disco adulto, la mayoría de edad del rock&roll: los callejones comienzan, parece, a ofrecer algo más de luz.

Pero “el Loco” no pierde la esencia. No esconde el poeta ni el villano. Nos cuela temas con su sello como Línea Clara, Balmoral o La vida es de los que arriesgan.

Es el mítico Johnny Hallyday, poniendo voz al tema Cruzando el paraíso, la guinda de un pastel lleno de recuerdos y preparativos para una batalla por venir.

Al final, Jose María Sanz, lejos –pero cerca- de los Trogloditas, no deja de ser un Loco soñador que vive, como dice en Memoria de jóvenes airados: “al norte del futuro y al sur de la esperanza”.

Con derecho a… (Rozalén)

Sin título“Mañana, dice, al salir el sol se habrá borrado -para siempre- del colchón tu olor.”

Y así comienza, con toda la fuerza que pueden traer los galopantes vientos de La Mancha, el álbum debut de Rozalén.

Recuerdo la primera vez que me enfrenté a este disco. Y sí. Digo bien. Me enfrenté. La voz de María Rozalén me dejó en fuera de juego. Fue una batalla interna. Un buen amigo dejó en la mesa su última compra: Con derecho a… y me obligó a quitar a Brenda Lee. Para mi, era ya, una enemiga en mi territorio.

Tardé medio café y dos cucharadas de azúcar en enamorarme de una mujer que nace cuatro días antes que yo. Recuerdo engancharme a ella mientras sonaba “Comiéndote a besos“. Una declaración de amor y pundonor, llevados al horizonte donde las palabras bailaban (también).
Repasamos el disco hasta en tres ocasiones. Una por desvirgarme. Otra por placer y una tercera, sinceramente, por no levantarme a preparar otro café.

Pensé, apagando un cigarro, “Las hadas existen” suena tanto a Joan Baéz. Quizá ni lo haya escrito pensando en ella y sin intenciones revolucionarias, pero ¡joder! suena tantísimo a Baéz. Lo tiene todo.

Apuro el café y esucho, por primera vez, “Alivio“. Me acaban de desnudar. Todo el rock, todas la posturas, todas las maneras y todo los límites se desploman. Quedo a los pies de una melodía tan sencilla como magnífica. Sin que ella lo sepa acaba de aparecer en el salón. Su voz se mezcla con los hielos que rompen el vaso al tragar.

Aterrizamos, al fin. Dos días después su disco está danzando entre mi colección. No hago nada sin pasar por los “Susurros de papel“, “para los dos” o “levántante“. Su disco, culpa de mi enfermiza manía de ordenarlo todo, se acuesta entre discos de los Stones y Tom Petty.

Quien siguió la consiguió, claro. ¿Quién nos iba a decir, si no, que la magia es inmortal?

Un día en el mundo (Vetusta Morla)

Sin títuloCuando conocí a Vetusta Morla en el año 2.009, caí en la cuenta de un grupo demasiado extraño para lo que yo solía “manejar”. A nivel instrumental sonaban muy bien, incluso fue el detonante para darles esa oportunidad. La voz (de Pucho) chocaba constantemente. Letras precisas y una historia por contar. Era una preciosa incertidumbre consolidada tras un gran concierto (en Fuenlabrada)

Un día en el mundo fue el primer álbum que editó la banda de Tres Cantos. 12 temas que parecen perfectamente ordenados al son de un relato, de idas y venidas, de amores encontrados y muertes anunciadas.

Copenhague se llevó la palma. Quizá les otorgó una fama merecida pero el LP contenía mucho más que eso. Valiente, La Marea, Año nuevo o Saharabbey road (entre otras) componen de manera armónica un idilio con el renacer del indie en este país (y digo renacer porque, pese a quien pese, el indie en España ya estaba rodando hace tiempo).

Mi historia de amor que empezó en el año 2.009 y continuó hasta este año 2.014, cuando su último no logró hacerme despegar del todo. Aunque siempre me quedarán aquellos días contados en los que no había, como dice la cancíon: ¡más que perder!

I am a Bird now (Antony & The Johnsons)

Sin títuloUn mes (a falta de dos días) desde mi última publicación. Fueron los Beatles -no está mal-. Un mes de proyectos y balas en la recámara. Todo en orden. Quería ser honesto conmigo mismo y con vosotros y por ello tuve muy claro desde el principio qué disco quería para el regreso. Llevo todo el mes metido en un bucle. Necesitaba escuchar su voz y el piano. Abrazarme a sus palabras y cerrar los ojos. Escuchar.

Me encanta Antony Hegarty. Desde que lo descubrí versionando a Dylan con Knockin´on Heaven´s door no puedo separarme mucho tiempo de él. No es el alma de la fiesta, correcto. Pero es el alma, sea donde sea. Y cuando necesito tomar carrerilla necesito tenerlo cerca.

I am a Bird now (2.005) es el segundo disco de la banda de Antony Hegarty, conocidos como Antony & The Johnsons. Estos neoyorkinos seducen con diez temas y logran tocar cada uno de los sentidos que pongas en ellos.

Abren el disco con Hope There’s Someone, junto con la versión de Dylan que mencionaba arriba, uno de sus temas más conocidos y que procuraron fama internacional a la banda. Para este segundo disco, cuentan con una colaboración de lujo como es la de Lou Reed -nada más y nada menos-.quien al escuchar la voz de Antony Hegarty, decidió sumarlo a su grupo también para editar un disco en 2.003.

El tema Fistful of love, con la colaboración de Reed, es la demostración que se pueden hacer cosas maravillosas con un ritmo básico. Un tema que corta la respiración por momentos. Los instrumentos se van sumando a medida que los segundos pasan, conformando una orqueta de 4 segundos se duración. Lo demás es reivindicar la clase que llevan en las venas.

Finalmente, el disco pone el broche con el tema Bird Guhl, una suerte de poema espectacular y sencillez musical donde la peculiar voz de Antony nos deja caer, si queremos, al vacío para terminar alzando el vuelo.Ya lo dice la canción: “I’m a bird girl/ And the bird girls can fly”.

Y, por qué no, los pájaros también pueden volar…

 

Babel (Mumford&Sons)

Sin títuloLlegó la hora de las bestias. Cuatro animales escénicos, comandados por Marcus Mumford consiguen con dos discos situar el folk en un lugar correspondido en los tiempos que nos acontencen: Mumford & Sons

Babel se publica en 2.012 y despeja cualquier duda. Virtuosos instrumentalmente y con un cuidando las letras brillante, chocan con una puesta en escena sin demasiados aditivos pero con la fuerza de la música.

Los cuatro integrantes del grupo británico, lejos de la impresión que suscitan una formación así, intercambian en directo los instrumentos dejando claro ¡quién manda aquí!

El tema Babel da el pistoletazo al disco. Whispers in the Dark (uno de mis preferidos) marca la línea del álbum. I Will Wait, Holland Road, Hopeless Wanderer o Bellow my feet son otros temas que se pueden disfrutar en el LP.

El videoclip que acompaña al post pertenece al tema Lovers of the light, el que para mi es el tema más redondo del disco. Su videoclip (protagonizado y co-producido por el actor Idris Elba) es una historia que os invito a disfrutar. Aquí tenéis, como decía, la feliz hora de las bestias.

Benjamin Booker (Benjamin Booker)

Sin títuloTarde de descubrimientos.

Parece una moda. No sé si lo es. Lo parece. Hoy en día todo el mundo quiere tocar con Jack White. Pero cuando es Jack White el que quiere que toques con él (aunque sea calentando sus directos) la carretera toma un sentido diferente.

Hace poco tomaba el pulso a un disco recomendado. Sonaba bien, claro. Pero sonaba diferente.

Descubrí entonces que se trataba del álbum debut de Benjamin Booker. Un joven de 25 años nacido en Virginia cuyas aspiraciones musicales lo llevan a Nueva Orleans. Allí se empapa de las raíces y los mezcla con tintes rock e incluso punk.

Dice tener referencias de T-Rex y escuchándolo evidencia que es así. Suena ya en las mejores radios estadounidenses y ha actuado en el show de Letterman, como un presagio de un buen futuro.

Corrí entonces a una tienda de discos, pregunté por él y aún no lo tenían. Lo encargué y una semana más tarde ya estaba sonando en casa. El dueño de la tienda me dijo que había hecho un pedido de 10 copias que unos días después se agotarían. Según me contó, un día puso el disco en el hilo musical y vendió siete copias de golpe. Parece una moda pero no lo es. It´s only rock&roll (but I like it).

New (Paul McCartney)

Sin títuloEn el año 2013 irrumpía en el panorama musical de casi finales de año, el último álbum de Paul McCartney: New.

Tras unos años de recopilatorios, grandes éxitos y una delicia de versiones como Kisses on the Bottom, el exBeatle presenta un álbum de temas originales.

Si tenemos en cuenta la trayectoria musical de McCartney no era tan difícil imaginar que algún día llegaría incluso a flirtear con la música electrónica. Quizá por una voz que comienza a desgastarse o por el hecho de tocar botones distintos, lo cierto es que Paul convence más por su capacidad de composición que por su talento vocal a estas alturas.

El disco no es homogéneo. Puede ir del rock y los compases más clásicos de los Beatles a la clásica cara b de los Beach Boys, pasando por detalles eléctricos y el blues a una sola voz. Tras varias escuchas podemos darnos cuenta que el que tuvo, retuvo y es difícil quitarle la idea del Sgt. Peppers de la cabeza. (Hay que recordar que uno de los productores del disco es Giles Martin, hijo de George Martin).

En mitad del disco, tras la fuerza de Alligator o Queenie Eye aparece –como un trueno- Early Days, canción autobiográfica en la que resume de una manera tan sencilla como hermosa, su amistad con el desaparecido John Lennon.

“¿Qué quieres ser de mayor, Paul?” dicen que preguntó un periodista durante un vuelo a Estados Unidos en la segunda visita de los Beatles. “Músico” dicen que respondió.